Esta canción es para ti, Elisa,
mi niña,
mi pobre niña, mi dulce niña.
En tu océano de dolor,
en tu amarga desesperación,
en tu acaparador vacío.
En ti, Elisa, sólo en ti.
jueves, 17 de abril de 2008
martes, 15 de abril de 2008
tu olor
~Tu olor suave que quedó pegado a mí, y que reconozco cada vez que te acercas.
~Tu alegría y tus ganas de vivir.
~Las lágrimas que lloré en el coche, sin que nadie me viera, cuando me volviste a enseñar que lo más grande que puedo encontrar es el amor.
~Lo increíble que era sentir que te gustaba.
~Tu voz la primera vez que nos besamos y abrazamos, tan dulce..
~Lo bien que me hace sentir desearte todo lo bueno de este mundo
~Lo que me enseñaste a aceptar y creer en mí.
~La serenidad que siento cuando veo una película contigo.
~Todos los momentos que ocupas mis pensamientos.
~Los silencios, mis silencios.
~El miedo a dejar de ser grande para ti.
~El no poder abrazarte, ni besarte, ni dormir contigo.
~Mi pobre corazón que a veces quiere salir.
~Lo que echaré de menos algo que puede que no llegue nunca.
~El convencimiento que eres mucho para mí, que soy poco para ti.
~Que hayas ocupado parte del espacio que ocupaba mi alma gemela.
~Lo que te echo de menos, cada noche, cada día.
~Que mi corazón no deja de perderse y pocas veces sabe llorar.
~Tu alegría y tus ganas de vivir.
~Las lágrimas que lloré en el coche, sin que nadie me viera, cuando me volviste a enseñar que lo más grande que puedo encontrar es el amor.
~Lo increíble que era sentir que te gustaba.
~Tu voz la primera vez que nos besamos y abrazamos, tan dulce..
~Lo bien que me hace sentir desearte todo lo bueno de este mundo
~Lo que me enseñaste a aceptar y creer en mí.
~La serenidad que siento cuando veo una película contigo.
~Todos los momentos que ocupas mis pensamientos.
~Los silencios, mis silencios.
~El miedo a dejar de ser grande para ti.
~El no poder abrazarte, ni besarte, ni dormir contigo.
~Mi pobre corazón que a veces quiere salir.
~Lo que echaré de menos algo que puede que no llegue nunca.
~El convencimiento que eres mucho para mí, que soy poco para ti.
~Que hayas ocupado parte del espacio que ocupaba mi alma gemela.
~Lo que te echo de menos, cada noche, cada día.
~Que mi corazón no deja de perderse y pocas veces sabe llorar.
martes, 8 de abril de 2008
primavera
estoy aquí sentado frente a la pantalla, y sé que no seré capaz de escribir algo que calme mi sentir en estos momentos, que escribo obligado por la inercia, por el miedo a volverme a casa con la sensación de otro día con la sensación de otro día más.
Quisiera decir tantas cosas, pero no puedo. Han pasado ya los años, pero sigo teniendo tanto miedo a no encontrar nada por lo que llorar dentro de mí.
Y me siento mal, culpable por sentirme así, intentando buscar un sentir que se escapa como una sombra, culpable por no saber sentirme agradecido por todo lo bueno que me ha regalado la vida, que me habeis regalado.
Por olvidarme que cada día es una nueva aventura.
Por sentirme tan niño.
Por no saber mirar el mar.
Por sentirme tan vulnerable, a la vanidad, al rencor, a la oscuridad.
Porque sólo quiero amar.
Porque siento que me olvido de todo esto. Y no sé a quién pedir ayuda.
Porque hay tanta luz, tanta misericordia, tanta bondad detrás de cada cosa..
sqa
Quisiera decir tantas cosas, pero no puedo. Han pasado ya los años, pero sigo teniendo tanto miedo a no encontrar nada por lo que llorar dentro de mí.
Y me siento mal, culpable por sentirme así, intentando buscar un sentir que se escapa como una sombra, culpable por no saber sentirme agradecido por todo lo bueno que me ha regalado la vida, que me habeis regalado.
Por olvidarme que cada día es una nueva aventura.
Por sentirme tan niño.
Por no saber mirar el mar.
Por sentirme tan vulnerable, a la vanidad, al rencor, a la oscuridad.
Porque sólo quiero amar.
Porque siento que me olvido de todo esto. Y no sé a quién pedir ayuda.
Porque hay tanta luz, tanta misericordia, tanta bondad detrás de cada cosa..
sqa
miércoles, 26 de marzo de 2008
el flaco
El flaco canturreaba una canción, mientras su padre faenaba en el bar, limpiando vasos, reponiendo bebidas, el flaco sólo se sabía de memoria una estrofa, y la iba repitiendo de vez en cuando, como buscando apoyo. Flaco era su apodo, como podía haberlo sido cualquier otro, no era más flaco que la mayoría, pero así le llamaban sus amigos y algún adulto despistado. El flaco se sentía secretamente orgulloso de tener un apodo, se sentía más individualizado y, en cierto modo le daba algo de vergüenza su propio nombre, como si careciese de personalidad o como si se hiciera llamar así, fuera dándose importancia. Prefería que le llamasen Flaco a que le martirizasen insultándolo de forma más reiterativa en tanto en cuanto más le azoraba la burla. Tenía miedo a las burlas y desprecios de sus compañeros ante las que poco sabía hacer, más que parecer más merecedor de ser alguien de quien burlarse y a quien despreciar, o eso pensaba él por aquel entonces. El flaco se encontró un día una flor que volaba atrapada chocando con los cristales del bar y la liberó, dejándola volar libre. El flaco lloraba a menudo, muchas veces sin motivo aparente, o eso pensaba él. El flaco soñaba y leía, leía mucho, se sentía bien cuando leía. El flaco no quería sentirse solo, pero buscaba la soledad, de su cuarto, de sus juegos, de su bicicleta, de sus tebeos, de sus libros, de sus silencios. Quizá lloraba porque no tenía nada porque llorar, porque tenía prisa por vivir, no veía el camino.
viernes, 7 de marzo de 2008
hoy
Hoy ya no vivo en un pozo sin fondo,
hoy ya no eres mi sol, mi luna, mi todo
mi nacimiento, mi muerte y mi locura,
hoy ya sé caminar
sin estar cogido de tu mano.
Hoy que hasta el miedo es mi aliado,
hoy que todo ha cambiado,
quisiera verte todos los días
porque mi corazón tiene memoria
y yo no te quiero olvidar.
hoy ya no eres mi sol, mi luna, mi todo
mi nacimiento, mi muerte y mi locura,
hoy ya sé caminar
sin estar cogido de tu mano.
Hoy que hasta el miedo es mi aliado,
hoy que todo ha cambiado,
quisiera verte todos los días
porque mi corazón tiene memoria
y yo no te quiero olvidar.
sábado, 1 de marzo de 2008
querida ana
Querida Ana:
¿Cómo estás? Realmente hace mucho tiempo que no te escribo, aunque siempre tengo ganas de hacerlo, pero ya sabes lo perezosa que soy para estas cosas. Hace tiempo que quería contarte, intentar transmitirte lo que significó para mí el marcharme de Erasmus, pero el tiempo pasa, y ayer hizo ya un año que regresé de Francia, ¡un año! Parece mentira lo rápido que ha pasado. Puede que tenga un poco de miedo a no saber transmitirte los sentimientos que guardo dentro cuando recuerdo esa etapa, puede que por eso haya tardado tanto en escribirte, puede que por eso se haya cumplido ya un año desde aquel día en que me subí al tren, desde que me despedí de la estación de personas que hacía apenas 5 meses no eran nada para mí, y que en aquel momento, en el momento en que el tren se puso en marcha, hicieron que me pusiera a llorar como una niña por tener que separarme de ellos.
Ya sabes que siempre había querido irme de Erasmus, quizá porque lo veía como la única forma de probar una vida diferente a la que tenía, la única forma de romper un poco mis cadenas tradicionales que yo misma me había impuesto y de las que tú tantas veces me habías animado a escapar.
Los meses antes de marcharme fueron meses llenos de emoción. Imagino que esta sensación es parecida para todo el mundo que está a punto de emprender un viaje parecido. Realmente lo imagino casi idéntico, sólo cambiarían los rostros, los padres y madres con sus consejos, la marca de las maletas, los detalles que ultimar, el tipo de ropa, o, supongo, el idioma del diccionario dependiendo del país. Un marco que también me atrevo a decir que se repetiría para las primeras sensaciones en el destino. Lo que yo vi cuando llegué a mi ciudad, que imaginé tan llena de encanto, al borde del atlántico, como un pueblo francés de cuento, las sensaciones buenas y malas que tuve también me las imagino en la piel de otros tantos como yo, con los miedos, las preocupaciones por encontrar tu sitio, los apuros por que tu francés, o tu inglés, o tu alemán se comporte en los momentos importantes. Supongo que a partir de los primeros momentos es cuando la historia de cada uno toma su rumbo independiente.
Y, ¿Cómo explicarte, Ana? Reconozco que cada vez los recuerdos son más esquivos, que cada vez me cuesta más que una foto, una canción, un recuerdo me hagan realmente sentir allí, en esa ciudad a la que he añorado durante tanto tiempo. Por eso quería escribirte, para que compartieras conmigo lo que sentí.
Recuerdo lo perdida que estaba el primer mes que pasé allí, el desencanto, la desesperanza que de repente me di cuenta que sentía, lo sola que allí estaba, rodeada de españoles, de franceses y de fiestas y buen ambiente, recuerdo cómo casi prefería encerrarme en mi habitación que acompañar al resto de estudiantes de la residencia en sus fiestas. Recuerdo lo triste y tímida, lo pequeña que me sentía. Como una niña a la que cambian de colegio. Creo que fue el propio Erasmo de Rótterdam quien dijo que si pensabas demasiado en lo que quisieras hacer o quisieras que pasara, ni harías nada ni pasaría lo que deseabas.
Ya entonces me di cuenta de la suerte que tuve, porque de un día para otro prácticamente conocí a las personas que me acompañaron el resto de mi tiempo allí. Alguien que hizo que nunca me sintiera sola, alguien que me hizo sentir valiosa como amiga, y alguien que alegró mi corazón, que me dio el regalo del amor, de descubrir lo grande y bella que puede ser la vida. Nunca me he sentido tan regalada, tan afortunada.
Sé que es difícil explicarte, Ana, y yo nunca he sido muy buena con las palabras, pero era así como me sentía, como si me hubieran hecho un regalo, un regalo especialmente dedicado a mí, para cuidarme y obsequiarme aventura. Y yo, que, como sabes, muchas veces no me hubiera importado dejado de existir, sentí que necesitaba dos vidas para vivir. Porque tuve que decidir entre quedarme allí, o volver aquí, con mis cadenas, pero donde también está mi alma gemela, la persona de la que no puedo y no quiero separarme.
Por eso lloré tanto cuando me subí en ese tren para volver a casa. Porque allí se quedaban esas tres personas y en especial aquella que hizo que un solo momento con ella hiciera que valiera la pena mis cinco meses allí, a la que desearle todo lo bueno de este mundo me hacía sentir tan bien, por eso lloré tanto, Ana, por lo triste que me sentía al separarme de ellos, y por la gratitud que me abrumaba por haber vivido todo lo que había vivido.
Por eso aquí sigo, Ana, con mi decisión, quizá sea la única vez en mi vida que he decidido realmente, no crees, Ana? Siempre tan cobarde para hacerlo. Siempre dejándome llevar por las circunstancias, con miedo a grandes cambios. Aquí, con mis cadenas pero también con mi alma gemela, que llena de luz y de comprensión mis días. Pero, ¿quién sabe dónde estaré el año que viene?
Quizá deba ya ir despidiéndome, gracias Ana, por estar ahí y tener paciencia para escucharme. Ya sabes que yo sola no puedo, yo sola no soy capaz.
Sé que aunque no se quiera olvidar, el tiempo pasa, pero si pudiera pedir un deseo sería ése, no olvidar mis días allí, no olvidar el sol de Marsella ni la lluvia de la Bretaña, no olvidar la música que resuena en mi cabeza cuando pienso en aquellos días, no olvidar ese regalo, no olvidar nunca, Ana, no olvidar jamás.
Tu amiga que te quiere.
Anne
¿Cómo estás? Realmente hace mucho tiempo que no te escribo, aunque siempre tengo ganas de hacerlo, pero ya sabes lo perezosa que soy para estas cosas. Hace tiempo que quería contarte, intentar transmitirte lo que significó para mí el marcharme de Erasmus, pero el tiempo pasa, y ayer hizo ya un año que regresé de Francia, ¡un año! Parece mentira lo rápido que ha pasado. Puede que tenga un poco de miedo a no saber transmitirte los sentimientos que guardo dentro cuando recuerdo esa etapa, puede que por eso haya tardado tanto en escribirte, puede que por eso se haya cumplido ya un año desde aquel día en que me subí al tren, desde que me despedí de la estación de personas que hacía apenas 5 meses no eran nada para mí, y que en aquel momento, en el momento en que el tren se puso en marcha, hicieron que me pusiera a llorar como una niña por tener que separarme de ellos.
Ya sabes que siempre había querido irme de Erasmus, quizá porque lo veía como la única forma de probar una vida diferente a la que tenía, la única forma de romper un poco mis cadenas tradicionales que yo misma me había impuesto y de las que tú tantas veces me habías animado a escapar.
Los meses antes de marcharme fueron meses llenos de emoción. Imagino que esta sensación es parecida para todo el mundo que está a punto de emprender un viaje parecido. Realmente lo imagino casi idéntico, sólo cambiarían los rostros, los padres y madres con sus consejos, la marca de las maletas, los detalles que ultimar, el tipo de ropa, o, supongo, el idioma del diccionario dependiendo del país. Un marco que también me atrevo a decir que se repetiría para las primeras sensaciones en el destino. Lo que yo vi cuando llegué a mi ciudad, que imaginé tan llena de encanto, al borde del atlántico, como un pueblo francés de cuento, las sensaciones buenas y malas que tuve también me las imagino en la piel de otros tantos como yo, con los miedos, las preocupaciones por encontrar tu sitio, los apuros por que tu francés, o tu inglés, o tu alemán se comporte en los momentos importantes. Supongo que a partir de los primeros momentos es cuando la historia de cada uno toma su rumbo independiente.
Y, ¿Cómo explicarte, Ana? Reconozco que cada vez los recuerdos son más esquivos, que cada vez me cuesta más que una foto, una canción, un recuerdo me hagan realmente sentir allí, en esa ciudad a la que he añorado durante tanto tiempo. Por eso quería escribirte, para que compartieras conmigo lo que sentí.
Recuerdo lo perdida que estaba el primer mes que pasé allí, el desencanto, la desesperanza que de repente me di cuenta que sentía, lo sola que allí estaba, rodeada de españoles, de franceses y de fiestas y buen ambiente, recuerdo cómo casi prefería encerrarme en mi habitación que acompañar al resto de estudiantes de la residencia en sus fiestas. Recuerdo lo triste y tímida, lo pequeña que me sentía. Como una niña a la que cambian de colegio. Creo que fue el propio Erasmo de Rótterdam quien dijo que si pensabas demasiado en lo que quisieras hacer o quisieras que pasara, ni harías nada ni pasaría lo que deseabas.
Ya entonces me di cuenta de la suerte que tuve, porque de un día para otro prácticamente conocí a las personas que me acompañaron el resto de mi tiempo allí. Alguien que hizo que nunca me sintiera sola, alguien que me hizo sentir valiosa como amiga, y alguien que alegró mi corazón, que me dio el regalo del amor, de descubrir lo grande y bella que puede ser la vida. Nunca me he sentido tan regalada, tan afortunada.
Sé que es difícil explicarte, Ana, y yo nunca he sido muy buena con las palabras, pero era así como me sentía, como si me hubieran hecho un regalo, un regalo especialmente dedicado a mí, para cuidarme y obsequiarme aventura. Y yo, que, como sabes, muchas veces no me hubiera importado dejado de existir, sentí que necesitaba dos vidas para vivir. Porque tuve que decidir entre quedarme allí, o volver aquí, con mis cadenas, pero donde también está mi alma gemela, la persona de la que no puedo y no quiero separarme.
Por eso lloré tanto cuando me subí en ese tren para volver a casa. Porque allí se quedaban esas tres personas y en especial aquella que hizo que un solo momento con ella hiciera que valiera la pena mis cinco meses allí, a la que desearle todo lo bueno de este mundo me hacía sentir tan bien, por eso lloré tanto, Ana, por lo triste que me sentía al separarme de ellos, y por la gratitud que me abrumaba por haber vivido todo lo que había vivido.
Por eso aquí sigo, Ana, con mi decisión, quizá sea la única vez en mi vida que he decidido realmente, no crees, Ana? Siempre tan cobarde para hacerlo. Siempre dejándome llevar por las circunstancias, con miedo a grandes cambios. Aquí, con mis cadenas pero también con mi alma gemela, que llena de luz y de comprensión mis días. Pero, ¿quién sabe dónde estaré el año que viene?
Quizá deba ya ir despidiéndome, gracias Ana, por estar ahí y tener paciencia para escucharme. Ya sabes que yo sola no puedo, yo sola no soy capaz.
Sé que aunque no se quiera olvidar, el tiempo pasa, pero si pudiera pedir un deseo sería ése, no olvidar mis días allí, no olvidar el sol de Marsella ni la lluvia de la Bretaña, no olvidar la música que resuena en mi cabeza cuando pienso en aquellos días, no olvidar ese regalo, no olvidar nunca, Ana, no olvidar jamás.
Tu amiga que te quiere.
Anne
lunes, 7 de enero de 2008
un año después
Me cuesta creer que haya pasado ya más de un año desde que escribiera por última vez en el blog, porque el tiempo me ha pasado muy muy rápido y porque me doy cuenta que he pasado casi un año sin escribir, o escribiendo muy poco.
Me cuesta echar la vista atrás sobre este año, creo que ha sido un año tranquilo, con cambios, pero bueno en general.
Me gustaría ser capaz de decir tantas cosas, pero no puedo, y no sé si quiero intentarlo, tengo miedo de sentirme vacío.
De no encontrar amor. De no ser digno de pronunciar esa palabra. Ojalá siempre me sienta digno, ojalá no se rinda, ojalá no me rinda.
sqa. No me dejeis de ayudar. por favor
Me cuesta echar la vista atrás sobre este año, creo que ha sido un año tranquilo, con cambios, pero bueno en general.
Me gustaría ser capaz de decir tantas cosas, pero no puedo, y no sé si quiero intentarlo, tengo miedo de sentirme vacío.
De no encontrar amor. De no ser digno de pronunciar esa palabra. Ojalá siempre me sienta digno, ojalá no se rinda, ojalá no me rinda.
sqa. No me dejeis de ayudar. por favor
miércoles, 27 de diciembre de 2006
se acaba el año
Estamos a 27 de diciembre, queda muy poquito para acabar este año. Intento forzarme a escribir pero es casi imposible concederme una tregua y darme el derecho a dejarme pensar en libertad. Y sólo quiero huir y cerrar los ojos a todo lo que no sea hastío de mí mismo. Dolor interior, que fatiga el ánimo. Ojalá pudiera respetarme lo suficiente como para dejarme que pueda contar. Dónde puedo buscar? Yo sólo no puedo, yo sólo no soy capaz, no sin vuestra ayuda, no sin el recuerdo de vuestra mirada, de vuestra compañía, no sin el recuerdo que ha quedado en mí. Sólo no soy capaz. Sólo me rindo y me pierdo en cada esquina, en cada temor, en cada derrota. Sólo no puedo contar algo sin perderme en mi mundo. Es por vosotros, por tí, que puedo encontrar fuerzas para luchar y para darme permiso para ver la grandeza, para ver lo bello. Para pedir perdón y para perdonarme. Es por tí que este año puedo sonreir y llorar por lo que te echo de menos, porque contigo ví el sol de marsella, porque me abruma el sentir que conocerte fue un regalo que alguien puso ahí especialmente dedicado para mí, para cuidarme y regalarme aventura. Feliz año nuevo
jueves, 7 de diciembre de 2006
en la lluvia
Me resulta difícil empezar a escribir, hace muchísimo que no escribo algo, y sin embargo, siempre he sentido que lo necesitaba, a pesar de que la mayoría del tiempo me fuera casi imposible hacerlo, o hacerlo durante mucho tiempo. No sé muy bien qué destino quiero darle a esto, me gustaría que no lo tuviera muy definido y que todos mis prejuicios y miedos no me impidan sentir en libertad. No sé si seré capaz, ya lo he intentado otras veces de otras maneras, y casi siempre me quedo atascado en mi propia inflexibilidad, en mi egocentrismo o en mi miedo a caer en él. O quizás simplemente porque no era lo que necesitaba. no lo sé. Sé muy poquitas cosas. Me da miedo escribir y darme cuenta de que soy un extraño para mí mismo, de que pueda romper lo bello que haya podido encontrar, de que con las palabras no pueda hacer justicia a la vida, de sentirme desnudo a plena luz del día.
Se me ha ocurrido empezar este blog al leer el de alguien muy especial para mí. El de alguien que durante un tiempo fue la persona más especial. No quiero que sepa que he encontrado su blog porque, aunque creo que no le importaría, quiero que siga siendo completamente libre para relatar sus experiencias y sentimientos, ahora que ya no podemos hacerlo cara a cara, ahora que ya no puedo decirte lo importante que aún eres para mí, ahora que no puedo contarte que sigues estando dentro de mí y que te sigo echando de menos. Ahora que hemos tomado caminos distintos. De lo triste que es darse cuenta que a veces querer no es suficiente.
Me gusta mirarte así, de lejos, aunque sea un poco extraño. Es como si me hubiera muerto y en forma de fantasma te acompañara, sin tú saberlo.
Ya me siento atascado, aunque sea algo anónimo me da pánico saber que todo esto puede ser leído. sqa
Se me ha ocurrido empezar este blog al leer el de alguien muy especial para mí. El de alguien que durante un tiempo fue la persona más especial. No quiero que sepa que he encontrado su blog porque, aunque creo que no le importaría, quiero que siga siendo completamente libre para relatar sus experiencias y sentimientos, ahora que ya no podemos hacerlo cara a cara, ahora que ya no puedo decirte lo importante que aún eres para mí, ahora que no puedo contarte que sigues estando dentro de mí y que te sigo echando de menos. Ahora que hemos tomado caminos distintos. De lo triste que es darse cuenta que a veces querer no es suficiente.
Me gusta mirarte así, de lejos, aunque sea un poco extraño. Es como si me hubiera muerto y en forma de fantasma te acompañara, sin tú saberlo.
Ya me siento atascado, aunque sea algo anónimo me da pánico saber que todo esto puede ser leído. sqa
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